El timo del tocomocho requiere de un “tonto” (personaje que posee décimos de lotería premiados, y que no sabe lo que valen); este “tonto”, en el fondo, es el estimulador de la vanidad del timado, al que se sitúa hábilmente en un “nivel superior de comprensión de las cosas”.
El “tonto” tiene un compinche, que es el que falsamente compra algunos de los billetes. Es decir, se introduce el ingrediente de “mira tú, si otro tipo listo como yo los está comprando, no voy a ser yo el tonto que no lo haga”.
En el proceso de aparición de la crisis financiera es difícil señalar a personas e instituciones como responsables únicos, pero no es tan difícil encontrar los mismos aditamentos que hacen del tocomocho una estafa de culpas compartidas:
- .Los inversores, desatados en la compra de viviendas (“si lo está haciendo todo el mundo, no voy a ser yo el tonto…”)
- Las instituciones financieras, vendiendo productos complejos (realmente poco comprensibles para el propio comercial del banco que los vendía) cuya adquisición hacía sentirse al cliente conocedor de una verdad financiera más profunda, de ser más listo que el resto (“pero cómo voy a decir que no lo entiendo, si todo el mundo está comprando este tipo de cosas es que son comprensibles, no voy a ser yo el que…”). De esta confianza iletrada se beneficiará el comercial y los empleados del banco, que cobrarán su bonus a muy pocos meses vista.
- Los gobiernos y bancos centrales, financiando la espiral con tipos de interés muy bajos…
¿Necesitamos enfrentarnos a nuestras finanzas de manera más natural, menos mágica?
Mirad qué dicen, en esta línea, los profesores de Wharton Drzik, Herring y Diebold. Extractamos parte de la entrevista:
Knowledge@Wharton: (…) La fiebre de los tulipanes se utiliza siempre como ejemplo por excelencia de burbuja. John, déjeme hacerle una pregunta respecto a eso, ¿en qué medida todo eso es fruto del comportamiento de las masas? Esas correlaciones sobre las cuales conversamos, cosas que no debían suceder al mismo tiempo y que acaban ocurriendo a causa de una estampida de cualquier tipo que no se podía prever. ¿Cree que se trata de eso?
Drzik: Seguro que eso fue, en parte, lo que sucedió. No hay más que ver cómo las instituciones se dejaron llevar por el mercado de subprime. La razón por la cual las instituciones inicialmente se resistieron, pero después se dejaron llevar, se debió a la presión a la que fueron sometidas.
Herring: Fue lo que les ocurrió a todas ellas.
Drzik: Todas se sumaron a la onda. Quien intentaba resistir era presionado por inversores, analistas, y por la presión interna para ser competitivo y entrar en ese mercado. El precio de sus acciones se veía afectado si usted dejaba de seguir la misma trayectoria de crecimiento de ganancias de la competencia. En última instancia, había la posibilidad de que su empresa se convirtiera en el blanco de adquisición de un competidor. Por lo tanto, si por un lado esas empresas se habían metido en una trayectoria de riesgos excesivos; por otro, el corto plazo proporcionaba óptimos retornos. (…).
Knowledge@Wharton: Y no hay que olvidar que los bonus estaban basados en el rendimiento de los tres meses siguientes.
Drzik: Correcto. El horizonte era demasiado corto, a pesar de que éramos una comunidad muy extensa, y no sólo de personas en el ámbito de las instituciones financieras, sino de analistas e inversores y de otros que los siguieron, así como los medios, etc. Nuestra preocupación era saber quién estaba ganando en un determinado momento. Con eso, se provocó un poco más de la cuenta la mentalidad de rebaño de lo que sería lo normal.
(…)
Podéis leer la entrevista entera aquí:
http://www.wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&ID=1743